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PETER DOHERTY & THE PUTA MADRES

El líder de los Libertines lanzó un disco, con una nueva banda, cuya génesis puede remontarse a los callejones de Buenos Aires.

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Si existe un lugar donde es posible que se encuentren melodías de Velvet Underground y escenas de la Feria de San Telmo, es en la mente de Peter Doherty (no, ya no quiere que lo llamen “Pete”).
Durante el 2016, en su primera incursión sobre suelo latinoamericano, con The Libertines, Doherty se enamoró de la ciudad de Buenos Aires, donde se instalaría durante más de un mes, para luego volver repetidas veces en el siguiente año.
En este intervalo inesperado de la carrera del mítico rockero londinense fue concebida la primera encarnación de The Puta Madres, una formación multinacional que incluía a Jack Jones (líder de Trampolene), al bajista irlandés Drew McConnell (Babyshambles), la fotógrafa francesa Katia De Vidas en piano (pareja de Doherty hace años), la violinista estadounidense Miki Beavis y el español Rafael Rueda a cargo de la batería.
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Tras algunas presentaciones en Europa, McConnell abandonó la banda para unirse a Liam Gallagher (con quien Peter ha tenido roces) y fue reemplazado por el francés Michael Bontemps, usualmente apodado “Miggles”. Con esa formación volvieron a Sudamérica en el 2017 y grabaron “Peter Doherty & The Puta Madres”, que fue lanzado hoy.
El tercer Doherty (podrá pensarse en “Puta Madres” como su tercer disco solista o el debut de su tercera banda, la historia dirá) se presenta convertido en león herbívoro. En cincuenta minutos presenta un álbum íntimo, con apenas destellos lejanos de la furia yonqui de Babyshambles, en el que parece cerrar las últimas páginas de su historia pasada con las adicciones, mientras deambula por las playas y calles de Margate, el pueblo pesquero en el noreste inglés donde hace tiempo vive con Katia y dos huskies siberianos.
Habiendo cumplido cuarenta años, un desafío que parecía imposible hace una década, Peter inicia su nueva obra con la serena “All At The Sea”, que parece una continuación directa de la atmósfera de “She Is Far”, una canción compuesta en su adolescencia que cerraba su anterior trabajo solista (“Hamburg Demonstrations”, 2016). La siguen “Who’s Been Having You Over” y “Paradise Is Under Your Nose” (donde canta a coro con Jones), los dos singles que anticiparon el disco. El primero es un tema aparentemente autoreferencial que fue presentado en los shows en Argentina mientras que el segundo podría incribirse en el género “rock de rehabilitación”.

Narcissistic Teen Makes First XI”, “The Steam” y “Lamentable Ballad of Gascony Avenue” podrían haberse escapado de “Ecstasy” de Lou Reed, de haberse grabado bajo condiciones diferentes, pero logran mantener una presentación sonora que las distancia tanto del caos garage punk de las obras más conocidas de Doherty, como de la solemnidad folk de algunas de sus canciones más sensibles. Se encuentran en algún lugar de la imaginación irónica de hombre experimentado que Peter parece haber alcanzado durante sus últimas peregrinaciones.
Por su parte, “Travelling Tinker”, “A Fool There Was”, “Shore Leave” y “Punk Buck Bonafide” continúan la línea de canciones como “Sweet By And By” o “Sheepskin Tearaway”, beneficiándose mucho de la presencia del violín de Beavis (la estrella del disco, sin duda) y de la depurada escritura de Doherty, que ya no parece tan interesado en crear frases icónicas (“Did you see the stylish…” ¿se acuerdan?) y prefiere permanecer en la contemplación y la narración sencilla, con momentos de autobiografía, y siempre inspirándose en su larga relación con Katia De Vidas.
Por último, “Someone Else To Be”, track ubicado en la mitad del disco, es un bello cover de “Ride Into The Sun” con retazos de “Don’t Look Back In Anger”. Con este tema, durante unos minutos, Doherty evoca tanto la edad clásica de los Libertines (“Don’t Look Back Into The Sun” se titula así en homenaje a ambos temas, con los que comparte acordes) como los shows en Buenos Aires, donde se estrenó por primera vez está versión renovada del tema inédito de Velvet Underground (incluido en una edición especial de “Loaded”, lanzada en los noventas). Por un momento, el Old Vic Stage puede cruzarse con los teatros de San Telmo.

Grabado durante cuatro días de verano en el pueblo de Étretat (Normandía, Francia), “The Puta Madres” (“engloba todo lo que es de una naturaleza extrema” dice Doherty sobre el título) es un álbum equidistante entre “Albion” y el “Up The Bracket Alley”, alejado del romanticismo melancólico de “The Good Old Days” y del punk trash beat de “What A Waster”, aunque deudor expreso de ambos. Es un álbum que no va a ganarle fans nuevos (salvo, quizá, si algún Gallagher decide quejarse de “Someone Else To Be” y le da publicidad no intencional) ni tampoco tiene por qué contentar a sus miles de fieles seguidores. “The Puta Madres” es un álbum por y para Peter Doherty, un manifiesto de sí mismo, tal vez una prueba a sí mismo.
Durante poco menos de una hora de crudas grabaciones, Peter Doherty parece querer decir que encontró una forma de vivir en paz, mientras comienza, por primera vez, a mostrar cierto temor a la muerte.
Quizás eso último sea la prueba más sincera de que Pete Doherty ha comenzado a querer a Peter Doherty.

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