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Radiohead o la recuperación del proyecto estético de los ‘60

Desde los albores de su constitución como campo autónomo, durante la segunda mitad de los años ‘60, la cultura rock enarboló la autenticidad y la originalidad como estandartes, dándoles esa impronta a los artistas y levantando fronteras que los separó de aquellos que solamente hacían música comercial.

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Desde los albores de su constitución como campo autónomo, durante la segunda mitad de los años ‘60, la cultura rock enarboló la autenticidad y la originalidad como estandartes, dándoles esa impronta a los artistas y levantando fronteras que los separó de aquellos que solamente hacían música comercial. Estableciendo parámetros excluyentes, la cultura rock jerarquizó la música popular y se estableció en el centro de la cultura juvenil de masas y de un mercado cada vez más segmentado por edad.
En ese contexto, en que la experimentación e improvisación psicodélicas predominaron, los Beatles encarnaron la forma más acabada de un proyecto artístico tan ambicioso como amplio. Bajo una definición estética pop, que buscaba darle status de arte a elementos provenientes de la cotidianidad y la cultura popular, los Beatles lograron representar con éxito un proyecto que articulaba esos elementos con otros provenientes de la cultura de élite -como, por ejemplo, la música erudita, mal llamada “clásica”- y con la novedosa música aleatoria (la influencia de Stockhausen, en este sentido, fue fundamental).

Pero en los ’70 todo cambió. La crisis de 1973 abrió la puerta a una encrucijada del capitalismo a nivel global, que provocó el ascenso de las derechas conservadoras, las políticas neoliberales, la caída del Estado de Bienestar y el fin de la ilusión revolucionaria sesentista. Del mismo modo sucedió con el proyecto artístico que encarnaron los Beatles, ya disueltos, cuyo lugar fue ocupado por bandas como Led Zeppelin, Procol Harum, Cream, Deep Purple, Black Sabbath, entre otros. La nueva estética del rock, fragmentada en múltiples estilos distintos entre sí (hard rock, glam rock, rock progresivo, rock sinfónico, etc.) se presentaba más vertiginosa, cruda y directa.
La autenticidad heredada del período anterior se canalizó a través de un virtuosismo desmesurado y una obsesión por la complejidad. Pero posteriormente, con el nacimiento del punk, ese proyecto no solamente fue deconstruido, sino que la cuestión de la autenticidad se reformuló bajo nuevas pautas que incorporaron la protesta social como temática, ilustraron la decadencia de la época y abrazaron la simplicidad a la hora de componer. Los años ’80 cubrieron de oscuridad el desarrollo de aquel proceso, y el rock parecía disolverse en nuevos sonidos predominantes, que iban desde la electrónica hasta el reggae y el ska, pasando por el hip-hop y el rap.
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Durante los ’90, con la caída del muro de Berlín y la consolidación del capitalismo a nivel mundial, la autenticidad característica de la identidad del rock debió refugiarse en ciertos géneros y subgéneros surgidos como consecuencia de la fragmentación permanente y sostenida. Uno de los más destacados, sin lugar a dudas, fue el grunge. Nacido en EE.UU., popularizado gracias al efímero Nirvana, muchas bandas que persisten hasta hoy nacieron al calor de aquel sonido histriónico, depresivo y estridente. Entre todas ellas, Radiohead.
Si bien “Creep” es la canción que materializa la imagen inicial de la banda británica, hoy han quedado muy lejos aquellos sonidos de la escena alternativa de los ’90. A medida que ingresaba al nuevo milenio, Radiohead -como muchas otras bandas- eludió los moldes trazados por la prensa y el público de rock, y se abrió a la experimentación compositiva. A partir de Kid A y “Amnesiac”, su sonido se volvió más ecléctico y abstracto, permitiendo redefinir de manera más flexible los roles instrumentales de sus miembros.
El paso del tiempo erosionó (cuando no quebró) los parámetros culturales de los ’60, y permitió el surgimiento y proliferación de nuevos sonidos congruentes con el contexto histórico de su producción. La banda liderada por Thom Yorke tuvo la virtud de recoger, como ninguna otra, los elementos conceptuales que quedaron suspendidos en el aire a partir de la permanente fragmentación de aquel proyecto representado por los Beatles.
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Al igual que los de Liverpool, con la experimentación musical y la innovación tecnológica como recursos fundamentales, Radiohead modeló un nuevo proyecto estético vanguardista que incluye oscuras melodías pop, composiciones en tiempos irregulares, una poderosa psicodelia electrónica y el uso de instrumentos ajenos al rock. También fueron más allá: buscaron sortear ciertas imposiciones de la industria cultural; por ejemplo, cuando distribuyeron “In rainbows”, su séptimo álbum, ofreciéndolo por internet a un precio que el público considere conveniente.
En una coyuntura adversa para la autenticidad, avasallada por ruidos prefabricados que bajan desde las compañías discográficas con el único fin de incrementar la rentabilidad económica, y en la cual los artistas no son más que reproductores de una impostura cuidadosamente diseñada, Radiohead cristaliza la identidad de la cultura rock de nuestros tiempos a través del rescate y reconfiguración de aquel proyecto vanguardista de los ´60 en nuevas formas y sonidos contemporáneos. Seremos testigos de ello en el Soundhearts Festival, el 14 de abril en Tecnópolis.

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