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Lecturas Obligadas

The Queen ain’t dead

Con el nacimiento de un nuevo bebé real (¿cuántos van?, ¿tres, cinco? Suerte que son anglicanos…) uno vuelve a pensar -bueno, una, en rigor genérico- en la institución de la familia de la Reina de Inglaterra.

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Porque vos fijate que si bien la libra es un papel moneda más fuerte que el dólar y el euro, cuando la creación de la Comunidad Europea, la verdadera razón por la cual el pueblo inglés no aceptaba el euro era porque querían seguir teniendo la cara de la Reina en los billetes… En fin, el conservadurismo tiene muchas caras. Como sea, la Reina está en todo. Hasta en el rock. Porque siendo este género musical un factor cultural que ha sumado personalidad a la comunidad británica, pues la señora se dignó a honrarlos, según sus propios parámetros, con alguna distinción de la Orden Británica. Mick Jagger, por ejemplo, la tiene aunque no la de Caballero (Sir) por sus viejos problemas con la ley porque los tuvo cuando era un rockerito rebelde. Su compañero Keith Richards que sí derrocha rebeldía aún hoy con cien mil años, le reprochó haber aceptado el galardón. Por careta, agregamos. Eric Clapton también la aceptó, pero se le adivina un perfil más acorde, convengamos. Otro fue Ray Davies de The Kinks, lo cual también duele un poquito. O Elton John, a quien todo le perdonamos y, vamos, que es un Sir con todos los anteojos de su colección: primero fue comendador del Imperio Británico en 1996 y dos años más tarde, Caballero. David Gilmour, la guitarra de Pink Floyd también se hizo acreedor al título de Comendador del Imperio Británico, Sting en el 2002, el mismo años que lo recibieron los Bee Gees.

O Beatles, por ejemplo, que en el 65 fueron condecorados por la Reina Elizabeth con la Orden del Imperio Británico pero a los cuatro años, John Lennon se lo mandó de vuelta con una carta que decía: “Te lo devuelvo (habrá sido “se lo devuelvo”, no creo que la haya tuteado) en protesta a la posición de la Gran Bretaña en relación al conflicto entre Nigeria y Biafra y en contra de nuestro apoyo a Estados Unidos y la guerra en Vietnam”. Mientras que en 1997, Paul pasó a ser Sir Macca, el finado tuvo más criterio y fue fiel a sus principios antibélicos como tan lo mostró a Yoko Ono (que mostraron todo por la paz, digamos la verdad). Otro Beatle que lo obtuvo fue su eterno productor George Martin.

O Bono, otro que nadie quiere (la Lala adolescente lo adoraba) tuvo su nombramiento real aunque no accede al de Caballero dada su calidad de irlandés y éstos se reservan a los ciudadanos de la Gran Bretaña y el Commonwealth. Ahora desde el 2007, la voz de U2 sumó más antipatías por esto. Sin embargo, David Bowie declinó, amablemente adivinamos, una oferta de Caballero y Comendador en el 2000 y luego en el 2003 aduciendo: “Jamás aceptaría. No sé qué podría hacer con eso y decididamente no es por lo que he trabajado toda mi vida”. Hay sentimientos encontrados con Roger Daltrey, el capo de The Who es un gran filántropo que consigue fortunas para fundaciones que se ocupan de niños con cáncer y por eso mismo fue condecorado. El consabido antisistemas dice que la Reina “es una mujer estupenda”. Claro que antes de ser antisistemas y músico rebelde, es inglés, con todo lo que eso implica. Otro irlandés que no es Sir pero tuvo la condecoración real es Bob Geldof y teniendo en cuenta que recaudó más de 150 millones de libras con su Live Aid en 1986 para la hambruna en África, lo bancamos a muerte. También fue nominado ese año para el Nobel de la Paz y así uno puede fantasear con que el rock salvará al mundo.

Tom Jones, Robert Plant, Cliff Richards, Rod Stewart, Brian May tienen sus medallas. O la galesa Shirley Bassey que se cantó todos los temas de James Bond, es Dama Comendadora de la Orden Británica desde 1999 y fue invitada a cantar para la conmemoración del Jubileo en el Palacio de Buckingham. La otra mujer que tuvo el mismo baluarte es Annie Lennox por su también eterna contribución en centros de caridad.
Otro que se negó fue Paul Weller: más flemático expresó vía un vocero que si bien estaba honrado “esto no era algo para él”. O John Lydon… ¿Quién fue el que nominó al viejo Johnny Rotten? Qué poco tino. Por supuesto no lo aceptó, no sabemos qué habrá dicho pero debe haberse reído con ganas. La BBC había prohibido God Save The Queen y a pesar de eso llegó al puesto número uno de los charts. Sí admite Lydon una simpatía con la realeza “por las bodas y esas cosas”. Brian Eno, otro que dijo “No, gracias”. Nitin Sawhney, un músico y productor inglés de origen indio prefirió “No tener nada que diga ‘imperio’ junto a mi nombre”. Y así la historia, al menos hasta ahora, de la relación de la realeza con el rock, dos puntos antagónicos, sin dudas, pero como rebelde uno y poderoso el otro, hacen lo que quieren, claro.
 

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