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Los 16 años de “Hopes and fears”: la melancolía como estandarte

El primer álbum de Keane celebra un nuevo aniversario

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Recién comenzaba la década de los ’90 cuando Tim Rice-Oxley y Richard Hughes vieron truncada la ilusión adolescente de convertirse en músicos: la escuela secundaria de Tonbridge a la cual asistían, fuertemente orientada en deportes, no era la mejor aliada para canalizar sus inquietudes artísticas. Pero unos años después, Tim -puesto en la piel de un estudiante de Humanidades en la Universidad de Londres- entendió que estaba situado en el espacio ideal para tomar revancha. Así fue como los convocó a Richard y a otro amigo llamado Dominic Scott con el plan de armar una banda de covers que interpretara canciones de The Beatles, Oasis y U2.  El último en incorporarse al proyecto fue Tom Chaplin, compinche de la infancia de Tim y Richard, quien se sumó como vocalista en 1997 y encendió el motor de lo que sería una de las agrupaciones más destacadas del milenio entrante. Bautizada originalmente como The Lotus Eaters, el nombre mutó en Cherry Keane -en honor a la niñera de Tom- para luego identificarse definitivamente como Keane.

Con un importante caudal de temas propios, el conjunto hizo su debut oficial en 1998 tocando en el famoso pub londinense Hope and Anchor. Durante los próximos dos años, se dedicó a presentarse en numerosos bares de la capital inglesa. La destreza frente al piano de Tim llamó la atención de Chris Martin, quien le ofreció tomar el mando de aquel instrumento en Coldplay pero Rice-Oxley rechazó la propuesta para enfocarse en lograr la consolidación de su propia banda. La decisión no fue desacertada: en 2001 Keane firmaría contrato con BMG.

En mayo de 2003 y con Scott ya fuera de la formación, se editó Everybody is changing, su primer corte. Dueño de una composición impecable y de una letra impregnada de sensibilidad, impactó positivamente en la crítica. La preponderancia y fuerza del piano de Rice-Oxley, junto con la precisión de la batería ejecutada por Hughes y la afinadísima voz de Chaplin, provocaron que la escena musical mundial posara su mirada sobre este trío. El tema fue galardonado con un Brit Award por “Mejor sencillo británico” en 2005 y el periódico The Sun lo ubicó en el puesto 79 de “Las 100 mejores canciones de todos los tiempos.”

En octubre de ese mismo año, le llegó el turno a This is the last time. La voz de Tom, que denota pena y arrepentimiento mientras pronuncia “recuerdo la primera vez, la primera de muchas mentiras”, se va envolviendo progresivamente en el ritmo que marcan sus compañeros para explotar todo su potencial en el estribillo.

Somewhere only we know fue publicada en febrero de 2004. Con esta tercera entrega, la banda volvía a reafirmar su innegable talento. El single escaló hasta el puesto número 3 en el Reino Unido, se ubicó en la posición 48 de “Las 100 mejores canciones del siglo XXI” según la  revista Rolling Stone y se ganó el lugar 99 en “Las 1000 mejores canciones de siempre” de la revista Q Music. La delicadeza musical y la línea inicial que enuncia “Caminé a través de una tierra vacía, conocía el sendero como la palma de mi mano”, lograron la consagración de este himno indiscutido de Keane.

Con el terreno preparado por este anticipo más que prometedor, el 10 de mayo de 2004 fue lanzado Hopes and fears. De forma inmediata, llegó al número uno en los charts, obtuvo la distinción de disco de platino en ocho países, ganó un Brit Award por “Mejor álbum” en 2005 y fue catalogado como el decimosexto LP mejor vendido del nuevo milenio en el Reino Unido.

Bajo la certeza de contar con una gran receptividad por parte del público, el sencillo que se difundió en agosto de ese año fue Bedshaped. El último track del disco, que condensa la mezcla justa de misterio, dolor y redención, se transformó rápidamente en una de las canciones favoritas posicionándose en el top ten de los principales rankings. Un atractivo video animado fue el ingrediente final para asegurar el éxito.

Finalmente, en julio de 2005, se divulgó Bend and break. Una de las letras más optimistas de la placa, que narra el viaje esperanzador desde la oscuridad hacia la luz, se conjuga con la alegría de su sonoridad dando como resultado a un hit perfecto.

La portada del álbum, ilustrada por martillos de piano, presagiaba la centralidad que tendría el sonido de sus teclas a lo largo de las canciones. Keane demostró que no necesitaba más que complementarlo con una batería y con una gran voz para darle cuerpo a un puñado de bellas canciones que, impulsadas por la melancolía como hilo conductor, recorrerían todo el planeta.

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