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Thelonious Monk: el hechicero golpeador de pianos que las teclas extrañan

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Hay diferentes maneras de golpear objetos en la vida. Esta acción se puede realizar con intención o sin ella. Puede que nos llevemos cosas por delante sin la intención de hacerlo y de esta manera estar golpeando a ese objeto o cosa y a nuestro cuerpo distraído en la línea fina del destino.
Ahora bien. Golpear un instrumento musical, atiborrar la música para llenar un vacío entre los espacios del silencio como si ese espacio necesitara ser llenado por los sonidos de la música, puede que no sea fructífero para el bien de los oídos; y de hecho, no lo es: porque golpear un instrumento musical lo golpea cualquiera, pero golpear un instrumento con la cadencia que ese instrumento necesita, solo lo consiguen los genios de la música. Y entre ese escaso grupo de golpeadores se encuentra Thelonious Monk, tal vez, el único músico que tocó un instrumento y con pequeños golpecitos creo mágicos sonidos.
Thelonious Monk nació en EEUU el 10 de octubre de 1917 y murió en ese mismo país el 17 de febrero de 1982.
Pianista, compositor e intérprete único del jazz. Thelonious fue el fundador del sonido llamado bebop y también tocó bajo el influjo del hard bop y el jazz modal.
Comenzó a tocar el piano a los 6 años y recibió una escasa educación musical. Fue, por sobre todas las cosas, un autodidacta de la música. Y es ahí donde radica su magia musical: en el mundo autodidacta de los genios nacidos para el arte.
El Thelonious Monk Quartet tuvo dos formaciones formidables que hicieron del jazz un viaje de improvisación musical brillante, lleno de exquisitos matices en el sonido de cada instrumento ejecutado.
Los músicos que integraron dicho cuarteto fueron: Charles Rouse (saxo tenor), John Ore (bajo), Frankie Dunlop (batería), Butch Warren (bajo), Larry Gales (bajo) y el sutil baterista Ben Riley.
En el gran libro de Geoff Dyer Pero hermoso, un libro de jazz (2014), una joya de la literatura sobre este tema, hay una historia que hace referencia a Thelonious donde el narrador dice: “Había que ver a Monk para escuchar su música como es debido. El instrumento más importante del grupo  ―cualquiera fuera la formación― era su cuerpo. En realidad no tocaba el piano. Su cuerpo era el instrumento y el piano solo un medio para extraer el sonido de su cuerpo al ritmo y en la cantidad deseados. Si tapas todo menos su cuerpo, parece que tocara la batería, abriendo y cerrando el charleston con el pie, cruzando los brazos estirados. Su cuerpo rellena todos los huecos de la música; sin verlo suena a que falta algo, pero cuando lo ves, hasta los solos de piano adquieren el sonido denso de un cuarteto. El ojo escucha lo que el oído no oye”.
En esta descripción física, musical y literaria reposa para toda la eternidad la música de Thelonious. Es esa forma de sentir el arte de los genios que se abstraen de todo y se concentran en su espíritu artístico para crear una obra de arte.
La manera de escuchar cada instrumento como si le hablara al oído y le dijera dale Thelonious, levantate y bailá, tu alma es el instrumento que la música necesita.

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