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“Diarios de bicicleta” de David Byrne

Las ciudades son más que la cartografía plana y luminosa que ofrece Google Maps, son un registro antropológico de su población, un relato móvil que se articula en la fisonomía de sus casas, en la arquitectura de sus edificios, en su red vial, en los rasgos que le imprime su historia.

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David Byrne nos invita a un recorrido que utiliza como disparador su derrotero en bicicleta por diferentes ciudades del mundo pero que se irradia hacia su pensamiento sobre arte,  moda, sociedad, política. El ciclista está en perpetuo asombro, en estado de reflexión, de pregunta, nada es definitivo, nada se clausura.
El libro – diario – blog le permite a su autor llevar al papel su experiencia a bordo del medio de transporte más utilizado en el mundo, desde un punto de vista que él caracteriza como; “más rápido que a pie, más lento que en tren, a menudo más alto que una persona”. Con este gran angular atraviesa ciudades heterogéneas como Berlín, Estambul, San Francisco y Londres entre otras.
Con o sin planeamiento, los territorios que recorre el autor hablan de una intención original que quizás nunca se concreta, un work in progress dilatado que obedece a leyes más enigmáticas que las del autocad y la maqueta, sujeto antes al capricho de su gente que a las lógicas ingenieriles.
La narración suele describir las delicias y desventuras propias del tránsito de cada metrópoli, las bondades y desafíos de sus geografías, las dichas y adversidades de sus climas, luego establece puntos de contacto entre Byrne y los artistas locales para, por fin, devenir en ensayo sobre la condición urbana de los siglos XX y XXI.
El capítulo de Buenos Aires es ilustrativo de cuán pintorescos somos desde la perspectiva que brindan las dos ruedas. Aquí detentamos la avenida más ancha del mundo, el argot al revés, nuestros cementerio icónicos, la festividad de San Cayetano, la vida nocturna y un espectro de músicos entre quienes se nombra a: Diego Frenkel, Juana Molina, Charly García y León Gieco. La perla es la foto de Cristina con Mercedes Sosa.
Como curiosidad, el libro contiene un apéndice con recomendaciones para ciclistas sobre temas como seguridad, indumentaria y mantenimiento y originales diseños para puntos de anclaje de bicicletas en Nueva York, esto lo transforma en un hallazgo imperdible para quienes pretenden salir a rodar por el planeta siguiendo la pista del autor.
Así como los revolucionarios de los sesenta pensaron que el mundo podía conquistarse sobre una motocicleta, los ecologistas de este milenio pretenden emularlos sobre sus bicis. En este sentido y más allá de las razones prácticas que Byrne argumente para su elección, lo reconocemos como adelantado.

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